DIOS Y LAS TAREAS DEL HOGAR

En esta sección quiero transmitir algo muy importante que me enseñó San Josemaría Escrivá de Balaguer.
De él aprendí el verdadero valor del trabajo del hogar. Decía que si queríamos lo podíamos convertir en oración y que esto es lo que había hecho la Santísima Virgen en el hogar de Nazareth. Si nuestro trabajo era oración -diálogo con Dios-
tenía una gran transcendencia y pasaba de ser algo muy bueno pero humano a convertirse en algo divino.
Para ello lo primero que tenemos que hacer es ofrecer el trabajo a Dios y claro como no podemos ofrecerle algo mal hecho es importante que trabajemos lo mejor posible. De ahí la necesidad de formarnos cada vez mejor en cada una de las áreas que componen el trabajo del hogar.
Luego tenemos que procurar hacer cada una de las tareas hablando con Jesús que aunque no le veamos está junto a nosotros esperando que le dejemos tomar parte en todo lo que hagamos.
Al principio puede parecer difícil pero poco a poco nos vamos soltando y la oración se va haciendo más intima y personal.
Por ejemplo, vamos a planchar una camisa.
Jesús vamos a planchar esta camisa de fulanito. Estoy cansada y hace calor pero te lo ofrezco para que le ayudes a él en lo que más necesite. Empezamos por el cuello (haz que se encuentre bien pues hoy le dolía la cabeza) luego el canesú (es importante porque hoy tenía una gestión difícil) ahora una manga, primero el puño y luego el resto (que no se ponga nervioso) ahora la otra manga ( y sobretodo que sepa controlarse) ahora el delantero derecho, luego la espalda y por fin
el delantero izquierdo ( voy a quitar esa pequeña arruga que se ha hecho, ya ves que he estado a punto de dejarla pasar por pereza pero no te puede ofrecer algo mal hecho). Y para terminar abrocho un par de botones y la cuelgo en una percha.
Gracias, Jesús, ya ves que hemos tardado sólo 3 minutos para planchar la camisa pero lo importante es que han sido 3 minutos de estar hablando contigo.

La maravilla de todos los trabajos del hogar es que es fácil tener las manos en lo que hacemos pero el corazón en el cielo.